Columnista Martín Pérez Lic Nutrición

 

BIOCOMBUSTIBLES: ¿LA PANACEA FRENTE A LOS COMBUSTIBLES FÓSILES? 25/4/012

Escribe Martín Pérez Alberti *

El planeta se encuentra hoy día ante una verdadera dialéctica vida-muerte. Desde los tiempos de la revolución industrial, los países “desarrollados” han generado diversas alternativas tecnológicas en busca de una superproducción de bienes de consumo, en una lógica de mercado que impone que hay que vender y cosechar riquezas a cualquier coste. En una línea similar, las potencias armamentísticas han promovido y generado conflictos bélicos en zonas de su interés en lo que a recursos se refiere; de un tiempo a esta parte, el foco ha estado sobre algunos de los países miembros de la OPEP.
En ese marco, se han generado daños ambientales ya irremediables que predicen un futuro complejo para el planeta tierra, consecuencia del conocido efecto invernadero.

El calentamiento global es consecuencia del aumento del contenido de ciertos gases en la atmósfera. Estos gases (metano y CO2) son denominados deefecto invernadero, ya que impiden la disipación de la energía radiante que recibe la tierra de parte del sol. Dadas las cantidades in crescendo que ha recibido la atmósfera de estos gases, la radiación recibida ingresa pero no puede egresar, provocando un sobre-calentamiento global y continuo del medio ambiente. El CO2 se produce principalmente por el empleo de combustibles fósiles, como el petróleo y el carbón; el metano es el principal componente del gas natural.

Frente a esa realidad (y al aumento sostenido de la cotización del barril de petróleo) surgen los biocombustibles, como alternativa “ecológicamente amigable” a los combustibles fósiles. La contraparte es que la implantación de sistemas agroenergéticos puede tener una incidencia negativa indirecta sobre el estado nutricional de las poblaciones, al afectar la disponibilidad de alimentos y, por lo tanto, encarecerlos.  

¿Qué son los biocombustibles?

Son aquellas fuentes de energía producidas directamente con material de origen biológico (biomasa). Entre dichas fuentes se distinguen los llamados recursos dendroenergéticos (leña, residuos forestales) y los recursos agroenergéticos, que son plantas cultivadas exclusivamente con el fin de obtener energía (caña de azúcar, remolacha, maíz, oleaginosas).
El bioetanol es el alcohol producido por la fermentación de vegetales azucarados (remolacha, caña de azúcar), o bien de los granos de trigo, cebada o maíz, previa hidrólisis de sus almidones. El biodiesel se obtiene a partir de los ácidos grasos de aceites vegetales (oleaginosos), como soja, colza o girasol.

¿Cuales son los beneficios de los biocombustibles?

Además de reducir las emisiones de CO2 a la atmósfera y por ende contribuir a atenuar el cambio climático, una de las ventajas del empleo de biocombustibles frente a los combustibles fósiles es que se trata de una fuente de energía renovable (materias primas agrícolas), mientras que las reservas mundiales de petróleo son finitas. De este modo, una producción nacional de biocombustibles contribuiría a la seguridad energética de un país, disminuyendo la dependencia de combustibles fósiles importados. Se dice que podrían ser, en ese entendido, la solución para las personas más pobres del planeta que hoy día tienen un acceso limitado a la energía o, directamente, no tienen acceso.1

Se argumenta que contribuirían, además, a generar empleos e ingresos para el sector agrario, ya que los biocombustibles pueden obrar como un instrumento de desarrollo rural, aportando diversidad y estabilidad a zonas rurales desfavorecidas.

El consejo de la FAO recomendó incrementar las actividades en materia de bioenergía.
De hecho, varios países han generado un marco legal que incentiva la producción de biocombustibles mediante subsidios.

Brasil, el mercado más grande de biocombustibles en el mundo, es un fuerte defensor de su producción en el contexto mundial y los promueve como estrategia de desarrollo sustentable para los países subdesarrollados. El gigante sudamericano produce etanol a base de caña de azúcar y hace 30 años que trabaja en el desarrollo de los biocombustibles.
Ha sido protagonista en la creación de un mercado global en biocombustibles, estableciendo alianzas estratégicas con Estados Unidos (primer productor mundial de maíz) y otros países de la OCDE, a la vez que vende tecnología y know how a los países en desarrollo, donde posee inversiones en plantas de caña de azúcar. . "El etanol no puede ser el chivo expiatorio del fracaso de organismos internacionales, porque la producción y la utilización del etanol no fueron y no serán responsables por los precios de las materias primas agrícolas", dijo la presidenta Dilma Rousseff, cuando aún era ministra de la Casa Civil (presidencia)..

 

No todas son rosas

Según el informe “Perspectivas agrícolas OCDE-FAO 2010-19”, los precios se incrementarán en el próximo decenio entre un 15 y 40% para el trigo y cereales medios, entre un 16 y un 45% en el caso de los lácteos, y a razón del 40% en el caso de los aceites vegetales.

En Roma, durante la Cumbre sobre Seguridad Alimentaria, el director de la FAO Jaques Diouf criticó los subsidios que los países desarrollados aplican para incentivar los biocombustibles, desviando “del consumo humano 100 millones de toneladas de cereales para satisfacer la sed de combustible para vehículos”.. De hecho, Estados Unidos quitó del mercado una porción importante de maíz: destina un 20% del producto para la producción de etanol. Esto disparó los precios del commodity, al haber menor oferta.
                      
Sería ingenuo aventurarse a culpar a los biocombustibles por el incremento que han tenido los precios de los alimentos. De hecho, incide mucho más en el precio de los alimentos el precio del barril de petróleo: en 2010, el precio del WTI (West Texas Intermediate) cerró rozando los 90 dólares, presentando una suba anual del 9.71%. Pero si los sistemas agroalimentarios destinados a bioenergía crecen en masa y compiten con los destinados a la producción de alimentos, la consecuencia será grave: más inseguridad alimentaria. La disponibilidad de alimentos influye indirectamente sobre el estado nutricional: si hay menos alimentos disponibles, estos serán menos accesibles (más caros) y se condicionará su consumo, impactando en el estado nutricional de los individuos.

Hasta el argumento más sólido de los biocombustibles, el del beneficio medioambiental, viene siendo cuestionado: el cambio en el uso de la tierra para cultivo de biocombustibles está conduciendo a la deforestación y la pérdida de biodiversidad en la Amazonia brasileña.2

Se ha manejado, además, que una vez instalados sistemas bioenergéticos, los países podrán disminuir su dependencia externa de combustible. Las enormes diferencias en tecnología y know how que hay entre los países ricos y los pobres hacen difícil creer que los últimos podrán alcanzar la independencia energética. Además, la historia le ha enseñado a los países pobres a desconfiar del aparente altruismo de las superpotencias, ya que siempre, inexorablemente, se persiguen intereses. Las grandes multinacionales del rubro ya invierten fuertemente en nuestros campos. Se alienta a los países a profundizar en materia de bioenergía, pero el trasfondo de estos incentivos es que los países “desarrollados” puedan satisfacer sus enormes demandas energéticas de forma alternativa al petróleo, sin enfrentar los posibles riesgos de contaminación en sus suelos. De modo que, en definitiva, no sólo no obtendríamos rédito de esa bioenergía, sino que contribuiríamos a seguir extranjerizando nuestras tierras, además de correr el potencial riesgo de erosionar nuestros suelos o deforestar nuestros bosques.

Volviendo al caso brasileño, si bien la estrategia de los biocombustibles está contribuyendo al crecimiento económico, las desigualdades en el sector rural contribuyen a una mayor concentración del ingreso, acentuando la brecha entre ricos y pobres.2

Un párrafo aparte merece el vínculo entre biocombustibles y cultivos transgénicos. Las transnacionales que producen transgénicos (como Monsanto) invierten en el desarrollo de cultivos utilizables como biocombustibles. La manipulación genética apunta a desarrollar cultivos con mayor contenido en azucares o aceites, materia prima para etanol y biodiesel respectivamente, que significaría ganancias asombrosas al multiplicar la productividad del cultivo y, ergo, darle mayor rentabilidad al negocio de los biocombustibles. La peor parte es que esos nuevos cultivos ya ni siquiera serán comestibles, sin mencionar el uso de fertilizantes y pesticidas involucrado. Al decir de Silvia Ribeiro –investigadora del grupo ETC- “(…) la lógica de fondo no es abandonar el petróleo ni cambiar los patrones de consumo que producen el cambio climático, sino aprovechar la coyuntura para crear nuevas fuentes de negocios, promoviendo y subsidiando la producción industrial de cultivos para esos fines (...)”.. En efecto, los marcos legales promovidos por la FAO y establecidos en los países crean las condiciones para proteger tales negocios.

En Uruguay

En el 2002 se aprobó la ley 17.567 o de “biocombustibles”. Grosso modo, dicha ley declara de interés nacional “la producción en todo el territorio del país, de combustibles alternativos, renovables y sustitutivos de los derivados del petróleo”. Además, en su 3º artículo, se le atribuye al Poder Ejecutivo la potestad de “exonerar total o parcialmente, de todo tributo que grave a los combustibles derivados del petróleo, al cien por ciento (100%) del combustible alternativo elaborado por derivados de materia prima nacional de origen animal o vegetal”.
En el país existen varios emprendimientos, aún en estado germinal. Hay múltiples experiencias de producción de biodiesel a partir de sebo vacuno y aceites vegetales; el sebo constituye una materia prima relativamente barata y ya no se utiliza para consumo humano.
En referencia al etanol, lo más notorio es el proyecto sucro-alcoholero de ALUR (subsidiaria de ANCAP) en Bella Unión que, operando al 100%, producirá 20 mil metros cúbicos anuales de etanol. El proyecto apunta a reducir la dependencia energética y a intentar reactivar una de las zonas más pobres del país. La inversión demandó 44 millones de dólares, y cuenta con el asesoramiento técnico de PetroBras de Brasil. El destino del etanol es la mezcla al 5% con las gasolinas del mercado nacional; no obstante, debido a que la extensión de los terrenos productivos es relativamente pequeña, la materia prima escasea y demandaría la producción de alcohol en otros puntos del país para cubrir dicha demanda.
En síntesis

Hay consenso en que continuar ciegamente por la línea de los combustibles fósiles es inviable ya que, además de agravar el problema ambiental, las reservas de petróleo se agotarán y el precio del barril del petróleo continuará subiendo, impactando en el coste de los alimentos y las materias primas.

Los biocombustibles representan una alternativa válida a los combustibles fósiles al disminuir sustancialmente la emisión de gases a la atmósfera. Desde esa óptica, procede una transición gradual del empleo de petróleo hacia los derivados de biomasa como combustible, bajo forma de mezcla (como se viene haciendo) hasta el diseño de motores alimentados solamente a biocombustibles, en aras de lograr prescindir de los combustibles fósiles permanentemente. En este marco, el compromiso mayor debe ser el de las superpotencias como los Estados Unidos, quienes encabezan el ranking de los emisores de gases de efecto invernadero a la atmósfera.

Procede, no obstante, hacer dos salvedades. La primera es que es una entelequia pensar que países pequeños y atrasados (como Uruguay) podrían lograr la independencia energética; por sus limitaciones tecnológicas y superficiales y porque instalar sistemas agroenergéticos es muy costoso y requiere inversión extranjera, que seguramente demandará cesiones de índole múltiple. En este sentido, el Estado deberá establecer un marco normativo y regulatorio firme en cuanto al empleo de la producción de modo que sea rentable para el país, además de establecer estrictos controles de calidad. Asimismo, se debe ser muy cuidadoso con el control de las superficies productivas, ya que el riesgo potencial de deforestación y la erosión de los suelos es inminente y anula el beneficio ambiental.
La segunda es que es inviable la creación de sistemas agroenergéticos que compitan con los destinados a la producción de alimentos, ya que se agravaría drásticamente el precio de los mismos y de las materias primas.

Debemos establecer políticas energéticas responsables en común con nuestros vecinos latinoamericanos, estableciendo marcos de cooperación en conocimiento, tecnología, logística e infraestructura. Nuestras academias deben contribuir a formar investigadores para profundizar en el empleo de fuentes de energía alternativas que minimicen el daño ambiental y, a su vez, no repercutan en el consumo de alimentos de las poblaciones, como puede ser el sebo vacuno o los residuos forestales.

 

* Licenciado en Nutrición; socio fundador del SUN5A; actual representante en la Comisión Directiva de la Escuela de Nutrición (UR), por el Orden de Egresados

 Todos los derechos del artículo reservados a  http://www.antropologianutricion.org y Martín Pérez

Referencias bibliográficas:


Organización de Países Exportadores de Petróleo

Food and Agriculture Organization (Organización para la Agricultura y la Alimentación)

Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos

Grupo de Acción sobre Erosión, Tecnología y Concentración

Alcoholes del Uruguay S.A.

Presentación de la Plataforma Internacional de Bioenergía (IBEP); FAO, Roma, 2006

“La paradoja de los biocombustibles y el desarrollo sustentable en Brasil” (Karen van Rompaey)

Terra Noticias/Agencia EFE (http://noticias.terra.es/economia/2009/0601/actualidad)

http://www.preciopetroleo.net

“Biocombustibles y trasngénicos” (http://www.ecoportal.net/content/view/full/65234)

http://www.parlamento.gub.uy

“La industria de los biocombustibles en Uruguay: situación anual y perspectivas” (Bittencourt-Reig)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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